Atardecer en una lago de alemania

Una mariposa en medio del océano

En nuestro viaje a México vimos lugares preciosos, vivimos grandes experiencias y conocimos parte de la gran cultura mexicana. Pero tengo que confesar que hubo un momento inesperado, de esos que ocurren por casualidad, que no he podido alejar de mi mente.

Uno de esos días madrugamos para nadar con el tiburón ballena en su hábitat, en medio del océano. Navegamos mar adentro en lancha dando tumbos a una velocidad impresionante. Dejamos de ver tierra. Unos aprovechaban para coger sol, yo miraba al capitán el cuál miraba al horizonte con certeza en un lugar que era difícil guiarse. Miraba a un lado y a otro, solo había agua, ni rastro de otra embarcación, ni rastro de tierra, solo agua. El capitán bajó la velocidad para poder observar con detenimiento y encontrar al tiburón ballena, estuvimos media hora dejándonos llevar por las pequeñas olas que se formaban sin suerte alguna.

Así fue, como mirando al horizonte la ví. Tan pequeña, tan fuerte, tan viva. Recuerdo estirar el brazo y decir “¡mira, mira!” Todos miraron en mi dirección creyendo que había encontrado al tiburón ballena, pero cuando se dieron cuenta que no, borraron de su cara cualquier atisbo de ilusión. Solo se quedó Alex mirándome, intentando leer mi mente (o eso creo yo) para entender porqué estaba tan eufórica.

Lo que yo tan contenta señalaba era una mariposa. Sí, una simple mariposa. Cierto es que habíamos emprendido esa excursión con el objetivo de ver a un animal de ocho metros y nadar con él en su hábitat. Pero para mí, ver una mariposa allí, fue superior a todo eso. ¿Quién espera ver una mariposa en medio del océano? ¿Qué hace allí? ¿Adónde va?  ¿Qué le ha hecho alejarse de la tierra?

Era de color amarillo y su color tan bonito destacaba entre las olas. Movía sus alas con fuerza pero volaba muy pegada al agua y en cada pequeña ola que se formaba ella subía el vuelo y volvía a bajar, una y otra vez. Tengo que reconocer que mi alegría pasó a angustia, parecía cansada y me daba miedo que volase tan cerca del agua ¿Cuánto llevaría volando esa mariposa? ¿Desde donde? Tan solo dos horas antes se había hecho de día… ¿Estaría la mariposa volando también de noche? ¿En medio de la oscuridad y la magnitud del océano? Me vienen muchas preguntas a la cabeza y en cierto modo soy capaz de admirar a esa pequeña y aparente frágil mariposa.

Me hizo meditar sobre las metas, los sueños y los objetivos. Una simple mariposa. Si ella estaba ahí tan sola, volando decidida a algún lugar del mundo ¿Por qué nosotros, los humanos, nos ponemos tantas limitaciones? ¿Por qué nos cuesta tanto ponernos unos objetivos propios y personales y llevarlos a cabo? ¿Por qué solemos creer que estamos hechos de sueños que no vamos a cumplir? Cuando no tengas fuerzas, cuando pierdas el norte, cuando creas que estás apartando de ti tus sueños, recuerda que hay mariposas que sobrevuelan el océano contra todo pronóstico y lo consiguen. Yo no la vi llegar a tierra, pero algo dentro de mí cree fuertemente que consiguió llegar a su destino. Estoy segura ¿y tú?

También te puede interesar: Cupón 15 euros Booking
¡Sé mariposa y atrévete a cruzar el océano!
Atardecer para una reflexión mochilera

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.